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jueves, 10 de mayo de 2018

¿Misiones a la Luna abren riesgo de exterminio o mutaciones?





nasa.gov

Un equipo de científicos sometió células humanas a un experimento con partículas análogas al suelo lunar. El resultado fue su muerte o peligrosas mutaciones del ADN.

Un grupo de estudiosos de la Universidad de Stony Brook (estado de Nueva York, EE.UU.) ha determinado hasta qué punto el suelo lunar es dañino para los tejidos humanos y de otros mamíferos: cerca de 90 % de las células pulmonares humanas y neuronas de ratón de laboratorio utilizadas en su experimento murieron al ser expuestas al contacto con partículas que forman la capa de polvo de la Luna.

Para estos experimentos, realizados el año pasado en la Tierra, no se utilizaron muestras de roca lunar traídas por las misiones Apolo de la NASA, sino suelos simulados, compuestos de las mismas partículas que los originales. No obstante, incluso en pequeñas cantidades, el polvo lunar es tóxico y potencialmente mortífero, reveló el estudio, cuyos resultados recoge un artículo publicado en la revista GeoHealth. 

La Luna no tiene atmósfera, recuerdan los científicos. Por eso su suelo es constantemente bombardeado por partículas cargadas, provenientes de las capas superiores del Sol, que proporcionan a la corteza lunar una potente carga electrostática. Y una de las consecuencias es que el polvo abunda en radicales libres.

Peor que inhalar cenizas

Investigaciones previas han demostrado que aspirar cenizas volcánicas, polvo de tormentas o de minas de carbón, puede causar bronquitis, sibilancias, irritación ocular y cicatrización del tejido pulmonar. Además, las partículas se acumulan en las vías respiratorias y las más pequeñas de ellas se infiltran en los alvéolos de los pulmones. El polvo puede dañar el ADN de las células, causar mutaciones y provocar cáncer.

Todos esos efectos conocidos han sido sometidos a prueba y medidos en este nuevo estudio. El polvo, lo suficientemente fino como para inhalarlo, mató las células cultivadas de los pulmones humanos con tanta "eficacia" que los investigadores ni siquiera pudieron estimar el daño para el ADN. Entre tanto, las neuronas de ratón no solo morían en masa, sino que también sufrían cambios genéticos significativos.

De fiebre a mutaciones

Los investigadores no están seguros de qué manera el suelo lunar simulado mata las células, pero sospechan que la culpa es de la respuesta inflamatoria que provoca dentro de ellas, o de los radicales libres que despojan los electrones de las moléculas e impiden que la célula funcione correctamente.

La autora principal del estudio, la genetista Rachel Caston, comentó al sitio web universitario que las futuras misiones tripuladas para explorar la Luna y "más allá" implican peligros para la salud de los astronautas, que son aún más graves "que los riesgos inmediatos del espacio en sí". Serían de la misma naturaleza que los experimentados por los tripulantes de la misión Apolo 17.

Después de inhalar el fino polvo durante su viaje a la Luna en 1972, el astronauta Harrison Schmitt catalogó la reacción de su organismo como "fiebre del heno lunar": tenía estornudos, ojos llorosos y dolor de garganta. Los síntomas de aquella tripulación fueron efímeros, pero los investigadores admiten que el polvo lunar podría afectar la salud a largo plazo, incluyendo mutaciones genéticas.

jueves, 17 de agosto de 2017

Estos son los mapas que la NASA mandó al espacio para que los extraterrestres nos encuentren (FOTOS)


NASA

Junto con los mapas, lanzados al cosmos en los años 70, también se enviaron dibujos de seres humanos y discos con sonidos de nuestro planeta.

Hace unos 40 años, la humanidad dio un paso arriesgado hacia el descubrimiento de la vida alienígena. Fue en los años 70, cuando la NASA mandó al espacio varios mapas para orientar a los extraterrestres y ayudarles a encontrar nuestro planeta. En aquella época parece que la agencia espacial estadounidense no se planteaba que revelarles nuestro paradero a los alienígenas pudiera entrañar peligro alguno.

"Teníamos que poner algo en la [sonda] Voyager que dijera de dónde venía y cuánto tiempo había estado viajando", comentó el diseñador del mapa, Frank Drake, a 'National Geographic'. Como el mapa tenía que ser entendido sin dificultades por los extraterrestres, los científicos utilizaron como indicadores los púlsares, estrellas de neutrones que giran a una gran velocidad y emiten pulsos muy intensos de radiación electromagnética.

Cada pulsar es único y tiene una vida de miles de millones de años, lo que los convierte en puntos de referencia ideales. Por eso Drake creó un mapa en el que aparecían una decena de estos fenómenos celestes junto a la imagen de dos seres humanos, un hombre y una mujer, para que los alienígenas nos reconocieran cuando visitaran nuestro planeta.

Muestra del primer mapa creado por Drake / NASA

Dos copias del mapa fueron enviadas con las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11 en los años 1972 y 1973 respectivamente. Mapas similares también fueron puestos dentro de la Voyager 1 y la Voyager 2, lanzadas en 1977.

Los mapas de las Voyager tenían como soporte discos de oro, que contenían también grabaciones de sonidos de la naturaleza, por ejemplo truenos y erupciones de volcanes, así como ruidos relacionados con los humanos: el sonido de un tren, el de un carro y un caballo, y el de un beso de una madre a su hijoexpone'Mail Online'.

¿Qué posibilidades tenemos de ser encontrados?

Actualmente las sondas Voyager son las naves espaciales que han viajado más lejos de todas las que han sido lanzadas desde nuestro planeta; una de ellas incluso ha entrado en el espacio interestelar. ¿Significa eso que las posibilidades de ser hallados por los extraterrestres son muy altas?

"Son muy bajas", comentó Drake. "La sonda se mueve a unos 10 kilómetros por segundo, y a esta velocidad –teniendo en cuenta la distancia típica entre los astros– tardará medio millón de años para pasar de una estrella a otra. Y, por supuesto, no se dirige a ninguna estrella en concreto, sino que simplemente va hacia donde va".

jueves, 27 de julio de 2017

"Los seres humanos somos inmigrantes extragalácticos"

Publicado: 27 Jul 2017 | 13:47 GMT

nasa.gov

Solemos dar por hecho que somos de donde hemos nacido, pero quizá nuestros orígenes se sitúen a años luz de la Tierra.

Un nuevo estudio sostiene que los seres humanos, a diferencia de lo que se pensaba hasta ahora, estaríamos formados de materia que se desplazó miles de millones de kilómetros desde otra galaxia lejana, informa el portalEurekAlert!. En ese caso, hasta la mitad de los elementos que nos rodean y que existen en la Vía Láctea podrían estar compuestos de "materia extragaláctica".

Los investigadores utilizaron simulaciones de supercomputadoras para descubrir cómo las galaxias —incluida la nuestra— llegaron a adquirir su materia. La respuesta radica en el proceso de "transferencia intergaláctica", ocurrido cuando las explosiones de supernovas expulsaron enormes cantidades de gas de las galaxias, lo que hizo que los átomos fueran transportados de una galaxia a otra mediante potentes vientos galácticos.

Esto implica que la misma materia de la que estamos hechos, probablemente, empezó a existir en un lugar muy lejano antes de que fuera transportada a través del universo.

"Somos viajeros espaciales"

Científicos: En el espacio abundan planetas vagabundos como la Tierra que podrían albergar vida

"Dado que gran parte de la materia de la que estamos formados puede haber venido de otras galaxias, podemos considerarnos viajeros espaciales o inmigrantes extragalácticos", declara Daniel Anglés-Alcázar, del centro astrofísico de la Universidad Northwestern, en Illinois (EE.UU.), que ha dirigido el estudio.

"Es probable que gran parte de la materia de la Vía Láctea estuviera en otras galaxias antes de ser expulsada por un viento poderoso, viajara a través del espacio intergaláctico y, finalmente, encontrara su nuevo hogar en la Vía Láctea", añade.

Las galaxias están muy separadas unas de otras, por lo que, a pesar de que los vientos galácticos se propagan a varios cientos de kilómetros por segundo, este proceso se produjo a lo largo de varios miles de millones de años. "Este estudio transforma nuestra comprensión sobre cómo se formaron las galaxias por el Big Bang", afirma Faucher-Giguère, coautor del estudio.

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El Misterio del Meteorito de Carancas by HERWARTH RONALD MORALES CHUMACERO is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en El Misterio del Meteorito de Carancas.